A mi no me enseñaron a ser padre/madre.. qué es la empatía con los hijos? 

La figura del padre y la madre, durante la infancia, es idealizada. A lo largo del desarrollo, el adolescente en su camino hacia la madurez,  podrá ir comprendiendo e integrando a sus padres como seres valiosos a los que quiere y con quien mantiene un buen vínculo afectivo, a los que admira sin tener que verlos ideales,  sino queriendoles como son.

Cuando los padres mantienen un estilo de relación invasivo,  en el que no permiten a su hijo desarrollarse, ellos deciden lo que sus hijos desean necesitan y quieren. No les dejan que vaya aprendiendo a tomar sus propias decisiones por sí mismos. ¿Qué y cómo hacerlo?
Para estos padres desorientados e invasivos,  los hijos son prolongaciones de ellos y no pueden decidir sin su beneplácito.

Suelen ser sobreprotectores, no ven las necesidades de su hijo real, los deseos del hijo real.

El otro extremo es el estilo abandonante. Están poco pendientes de sus hijos, no les educan,  no les ponen límites, no les enseñan a discriminar cuales de sus deseos son realizables y cuales no,  que vayan aprendiendo que algunos les perjudicarían y a desarrollar su tolerancia a la frustración. Que aprendan a discriminar entre deseos, caprichos y necesidades

La relación adecuada es estar junto ellos y transmitirles que estamos a su lado, que estamos ahí si nos necesitan. Acompañar,  sostener, orientar, pero permitirles decidir, porque se tienen que desarrollar.

La raíz de este comportamiento invasivo/abandonante,  está en su propia infancia y adolescencia.
Es a partir de esos primeros vínculos, de su propia experiencia como hijo/a, como desarrolla su propia capacidad empática,  que con su hijo está ausente.

A los hijos les cuesta cuestionar a sus padres,  son el pilar fundamental en el que el hijo se apoya para crecer más fuerte y más seguro. Para ellos lo importante son los deseos,  necesidades y expectativas de sus padres,  lo importante son las preferencias de sus padres.

Los padres con déficit de empatía,  con dificultades para ponerse en el lugar del otro, no pueden ser buenos padres,  ni ejercer bien su función.

Otro problema que se genera cuando los padres no han aprendido a ser padres, es la de los hijos preferidos. Cuando el hijo tiene que desprenderse del lugar asignado desde pequeño,  trascender el rol asignado y aprender a ser uno más. Cuando hay hermanos,  aunque la dificultad puede ser menor para ellos,  tendrán que aprender a que ellos también tienen su lugar y que son importantes,  para si mismos y para sus figuras afectivas y compañeros.

La relación perjudicial, de uno u otro tipo con los padres, hay que elaborarla para ser felices y para poder ser padres de nuestros hijos.

Tanto la invasión como el abandono, hay que elaborarlos y quedarse con lo positivo que nos han dado. Los padres nos dieron la vida, quedarse con la esencia positiva, superar los conflictos, seguir adelante contemplar la vida en perspectiva, conseguir que pasen a ser experiencias que no nos dañen.

Tratar de instalar una relación con los padres, en la que el trato actual no te dañe fundamentalmente porque comprendes, perdonas y aceptas quienes son,  eso sí, tratando de protegerte e intentando ser feliz, con la relación que puedes tener con ellos. 


En la Infancia no es posible defenderse de forma efectiva de los padres que a cada uno le tocan, en la vida adulta se pueden regular los encuentros sí desestabilizan, hasta que el adulto esté más fuerte, hasta que sea consciente de que es dueño de su vida, que tiene derecho a construir su vida y ayudar a sus hijos a ser dueños de la suya.

La psicoterapia ayuda a realizar todo este proceso. 

Intenta ser tú un buen padre o una buena madre.

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