Las situaciones conflictivas son desagradables, incómodas, irritantes y desestabilizadoras. Reconocer los errores y disculparse es un factor facilitador del diálogo, de la calidad de la relación y de la buena convivencia. Los conflictos son parte inherente de las relaciones, y de ellos podemos aprender, pero en absoluto es verdad que a mayor conflicto mejores relaciones. 

Un conflicto no resuelto hace que la semilla del resentimiento sea plantada, si no es la primera vez, si la tensión no se habla, si el afectado no olvida pero no aclara el conflicto y el que molesta quita hierro o tapa y no se disculpa; se van acumulando los conflictos y el malestar. Esto no se sana por si mismo. 

El detonador podrá ser cualquiera, la tensión se materializa cuando el nuevo acto se suma a los anteriores.

En realidad, no son únicamente los acontecimientos en sí, los que motivan nuestros enfados, sino el significado que les demos. Toda relación interpersonal está tejida de atribuciones y expectativas:

Las expectativas pueden ser diferentes e incluso contrarias.

Es necesario un canal y un código de cómo resolver los conflictos, que normalmente se producen porque los códigos, las perspectivas, o las atribuciones de significado son subjetivas y pueden ser acordes, neutras o contrarias según la subjetividad de cada uno de los participantes. Cada persona da un sentido y significado a cada suceso.

Tenemos que ser capaces de escuchar al otro sin interrumpirle, entender su punto de vista y sus sentimientos. Es fundamental asumir nuestra responsabilidad en el conflicto, y pedir perdón, con el compromiso real de no volver a repetir la conducta que ha generado el daño en el otro.

Publicado: 29 de Septiembre de 2014 a las 20:38